Los lípidos son una fuente concentrada de energía. Todas las grasas son lípidos, pero no todos los lípidos son grasas (triglicéridos), ya que también existen los fosfolípidos y esteroles, como el colesterol.

Los lípidos (las grasas y los aceites) poseen un elevado valor energético (9 kcal por gramo), y por esta razón, su función principal en nuestro organismo es la de reservar energía. Estas reservas de energía tienen una segunda función: protegernos del frío. El colesterol y los carotenos también pertenecen a los lípidos, y estos son precursores de vitaminas, hormonas, pigmentos, entre otros.

Los lípidos que ingerimos suelen ser las grasas y los aceites que forman los depósitos de energía de otros seres vivos. Se digieren con dificultad, por eso crean sensación de pesadez. Normalmente los lípidos son los que dan el sabor a nuestras comidas, y los solemos encontrar en: aceites vegetales, mantequilla, nata, frutos secos, grasa animal, aceitunas…

Todos los lípidos tienen una característica en común: no se disuelven en agua. Mayoritariamente, cuando los lípidos son de origen animal, se denominan grasas y, cuando son de origen vegetal, aceites. Ambos están formados por glicerina y ácidos grasos. Según la formula química de estos últimos, podemos encontrar lípidos saturados, monoinsaturados y poliinsaturados.

El cuerpo humano es capaz de sintetizar por sí mismo todos los ácidos grasos que necesita menos los llamados esenciales, es decir, el linoléico y el linolénico, que encontramos en aceites vegetales. 

Para hacernos una idea de cuántos lípidos necesita nuestro cuerpo, la cantidad en la dieta no debe ser mayor al 30% de las calorías totales. El tipo de lípido que es realmente importante consumir es el que nuestro organismo no es capaz de sintetizar, y en cantidades mínimas, pues con dos cucharaditas diarias de aceite de oliva virgen de primera presión es suficiente.

Los aceites:

Es importante tener en cuenta que la actividad biológica de los ácidos grasos se destruye con el calor.

Actualmente, para rentabilizar la extracción de los aceites, se someten a altas temperaturas y se emplean disolventes orgánicos, y como consecuencia es necesario tratar y refinar los aceites extraídos… El producto final es muy puro, pero ha perdido todas sus propiedades y puede ocasionar más inconvenientes que beneficios. 

Por eso, te recomendamos que consumas aceites de primera presión en frío, ya que cuanto menor es la temperatura de extracción, mayor es la calidad, y este aceite será el que mayor proporción de antioxidantes contenga (vitamina E).

Existe una temperatura crítica para cada aceite, y al superarla, este se descompone y produce sustancias tóxicas. En casa, esta temperatura la podemos detectar fácilmente cuando el aceite empieza a humear. 

Consejos: huye de los alimentos manipulados industrialmente que contengan lípidos (aunque sean de origen vegetal)… En estos procesos industriales se suelen transformar los lípidos, aumentando su toxicidad para el organismo. Evita las margarinas, pues en su mayoría se elaboran a partir de aceites refinados procesados que contienen trazas de níquel y lípidos que han perdido sus propiedades nutricionales.