Los carbohidratos son los azúcares, el almidón y la fibra. Nuestro organismo descompone los dos primeros para luego utilizarlos como energía, mientras que la fibra no se descompone, ejerciendo de regulador intestinal.

Son nuestra principal fuente de energía ya que son el mejor combustible para nuestras células. Nos aportan la energía necesaria para todas las funciones de nuestro cuerpo: para los músculos, para hacer la digestión, para el cerebro, para mantener la temperatura… además de tener también una función estructural, pues ¡forman parte de nuestro material genético!


Hay muchos alimentos que nos aportan hidratos de carbono, pero las fuentes más apropiadas para nuestro organismo son las verduras, las legumbres, los cereales integrales y las frutas. Los glúcidos, los carbohidratos y los azúcares se agrupan dentro de lo que denominamos «hidratos de carbono».

Las plantas toman dióxido de carbono del aire y agua y, casi mágicamente, gracias a la energía solar, los combinan dando lugar a los hidratos de carbono. 

Hay dos tipos presentes en las plantas: los que consideramos asimilables, porque somos capaces de digerirlos e incorporarlos en forma de glucosa o fructosa, y los no asimilables, porque, como su nombre indica, nuestro organismo no es capaz de digerirlos. Estos seguramente los conocerás con el nombre de fibra.

Según la velocidad con la que absorbemos los carbohidratos asimilables, se pueden diferenciar los de absorción muy rápida (miel, azúcar, melazas, zumos de frutas…), los de absorción rápida (frutas o cereales refinados como las harinas blancas) y los de absorción lenta (cereales integrales, legumbres y otras hortalizas).

Conocer las velocidades de absorción es importante, pues para nuestro cuerpo es esencial mantener los niveles de glucosa en sangre. Los alimentos de absorción lenta permiten un buen equilibrio de glucosa (azúcar) en sangre. Por el contrario, los de absorción muy rápida, como los azúcares refinados, obligan a nuestro cuerpo a hacer una descarga de insulina para mantener los niveles adecuados. Esta descarga brusca tiene consecuencias, como por ejemplo, que se propicie la transformación de carbohidratos a grasas. 

El azúcar:

Cuidado con el azúcar ¡Su abuso puede llegar a ser muy tóxico! Este es extraído de la caña o de la remolacha y posteriormente es refinado. Lo podemos encontrar en las bebidas refrescantes, cereales de desayuno, conservas, embutidos… Muchas personas consumen cantidades excesivas de azúcar sin ser conscientes de ello. Por ejemplo, fácilmente podemos comer 250g de una tableta de chocolate, pero para ingerir la cantidad equivalente de remolacha, ¡deberíamos comernos más de un kilo y medio! 

Este exceso de azúcar en nuestro organismo tiene consecuencias graves, ya puede provocar cambios en el estado de ánimo, aumentar la grasa corporal, el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, debilitar nuestros huesos y aumentar el déficit de vitaminas y minerales. Tip: Consideramos necesario advertirte de que aunque muchas veces el azúcar moreno se vende como azúcar integral no supone ninguna ventaja valorable respecto al azúcar blanco.