El aumento de enfermedades como el cáncer o la obesidad en las últimas décadas han puesto sobre la mesa la importancia de seguir una dieta nutritiva y saludable, ya que somos lo que comemos.

Paradójicamente, los alimentos que encontramos en los supermercados actualmente son menos nutritivos que los que comían nuestros abuelos décadas atrás.

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Una dieta saludable se basa en productos de origen vegetal

Somos lo que comemos

El aumento de enfermedades como el cáncer o la obesidad en las últimas décadas han puesto sobre la mesa la importancia de seguir una dieta nutritiva y saludable, ya que somos lo que comemos.

Paradójicamente, los alimentos que encontramos en los supermercados actualmente son menos nutritivos que los que comían nuestros abuelos décadas atrás.

Seguramente hayamos oído a alguno de nuestros mayores decir que «las frutas o verduras ya no saben como antes», y esto no es tan solo una cuestión organoléptica.

Todos somos testigos de una clara decaída nutricional general, que demuestra que las frutas y verduras no solo tienen menos minerales sino que también que han disminuido en su contenido en proteínas y vitaminas.

"Las frutas y verduras han disminuido en su contenido en proteínas y vitaminas"

Esta decaída es innegable y contundente. Un estudio en Reino Unido, que recoge datos del 1975 al 1997, demuestra que los niveles de calcio en los alimentos han caído un 27%, los de hierro un 37%, los de vitamina A un 21% y los de vitamina C un 30%. Las patatas han perdido casi toda su vitamina A y más de la mitad de su vitamina C; las espinacas actuales tienen la mitad de vitamina C que hace cuarenta años; el brócoli ha perdido parte de su calcio; habría que comer ocho naranjas para obtener el mismo nivel de vitamina A que décadas atrás, etc.

La ONU clasifica este problema como malnutrición B: la carencia de nutrientes en algunos alimentos. ¡Por primera vez en la historia se puede estar desnutrido y comer al mismo tiempo!

"Por primera vez en la historia se puede estar desnutrido y comer al mismo tiempo"

Y es que han sido las herramientas desarrolladas para luchar contra la falta de alimentos, como el cultivo intensivo y el monocultivo (agricultura convencional), las que han repercutido enormemente en la calidad de los suelos. Teniendo en cuenta que el origen de los nutrientes de las frutas y hortalizas es la tierra, cabe esperar que de un suelo más sano crecieran plantas más sanas.

¿Cómo hace frente a este problema la producción ecológica?

Ningún estudio demuestra contundentemente que la comida producida de manera ecológica contenga más nutrientes que la convencional. Pero sí que se ha demostrado que, si nos acercamos a los métodos de cultivo tradicionales de antaño, como hace la agricultura ecológica, podemos:

  • Recuperar la calidad de los suelos y su capacidad de almacenar nutrientes, gracias a prácticas como la fertilización biológica y la prohibición de los químicos de síntesis (pesticidas, herbicidas, hormonas, etc.). 

  • Recuperar las variedades tradicionales, ya que éstas resisten mejor las plagas y las situaciones climáticas exigentes específicas de cada localización.

  • Evitar la pérdida de nutrientes causada por la recolección prematura y los largos transportes, respetando los ciclos biológicos, permitiendo la correcta maduración y fomentando así el consumo de proximidad.

¿Nos afectan los productos químicos de síntesis? (Hormonas, herbicidas, fertilizantes, plaguicidas, etc.).

Es necesario también considerar los efectos que tienen en la salud los productos químicos y aditivos de síntesis empleados en la producción alimentaria convencional. 

Durante los millones de años que llevamos en la tierra como especie, nos hemos ido exponiendo a una serie de productos alimentarios que nuestro cuerpo asimila sin ningún problema ya que ha evolucionado juntamente con estos productos.

Por el contrario, actualmente en los alimentos encontramos productos químicos de síntesis totalmente nuevos para el organismo, muchos de los cuales se desconoce su metabolismo y sus efectos a largo plazo. Por eso, la OMS ha advertido de los peligros del consumo de herbicidas, como el glifosato, del que manifiestan que es «probablemente cancerígeno para los seres humanos«.

La evaluación de los riesgos de estas substancias en la Unión Europea es exhaustiva. No obstante, existe la preocupación de que esta evaluación del riesgo sea insuficiente ya que no contempla las exposiciones mixtas y de larga duración a la que están expuestos la mayoría de consumidores.

La Agricultura Ecológica es la única que garantiza productos libres de todas estas sustancias nuevas que nos pueden producir ciertas enfermedades y reacciones alérgicas.

El producto ecológico está libre de residuos persistentes procedentes de pesticidas, fertilizantes sintéticos, antibióticos, aditivos y conservantes.

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